La música retumbaba en todos los rincones, gente bailando sin parar, sintiendo la música, cada uno a su royo, se les veía felices sin darse cuenta que a su alrededor había una chica aterrorizada. Todo le daba vueltas, se sentía mal, iba apartando a empujones a todo aquel que se le metía por delante. Tenía miedo, miedo a que la cogieran, miedo a que la hicieran daño. Se quitó los tacones, ya no aguantaba mas aquellos zapatos rojos. Salió de la discoteca y comenzó a correr en una dirección cualquiera. Miraba hacia atrás esperando no encontrarse a nadie pero a la vez sabiendo que podían estar siguiéndola. Se tropezó con una botella de cristal que no había visto en el suelo, se calló en la calzada, impotente comenzó a llorar. No se levantó, ya no tenía fuerzas para ello, solo se acurrucó abrazándose las piernas y notó a alguien de pie junto a ella. La agarró y la puso de pie con delicadeza, ella emitió un fuerte sollozo, él la abrazó con fuerza y le susurró unas palabras en el oído que la hicieron estremecerse mientras que de sus labios apareció una sonrisa: "Ya no tienes porque tener miedo, estoy aquí pequeña".